5/2/09

El sueño interno


Tomi se despidió de Carolain acariciándole las nalgas. Quizás no volvería a verla. Carolain no pudo reprimir un par de lágrimas, que Tomi lamió de su rostro como agua de mayo, dejando un reguero de babas sobre el fino cutis de la joven. Se vistió en un periquete y abandonó la habitación, donde minutos antes había hecho el ridículo, para dirigirse a su inminente destino: el centro para perturbados síquicos de Tordesillas. Dos atentos enfermeros, de metro noventa, le esperaban en la puerta.

Mientras uno de ellos le doblaba un brazo para que no se moviera, el otro le colocaba una camisa de fuerza, por la fuerza. Después, sujeto por las orejas, le condujeron hasta el vehículo que los trasladaría al centro. Sentado en medio de los dos gorilas en la parte trasera del automóvil, Tomi hizo un esfuerzo mental para intentar comprender qué había hecho para encontrarse en esa situación. Tal fue el esfuerzo, que se durmió. Cuando despertó estaba de nuevo en la cama con Carolain, en la misma habitación de antes. Quizás todo había sido un mal sueño. De todas formas era tarde. Se despidió de Carolain acariciándole las nalgas. Quizás no volvería a verla. Carolain no pudo reprimir un par de bostezos, que Tomi intentó lamer de su rostro en vano. Se vistió en un santiamén y abandonó la habitación, donde tantas veces había hecho el ridículo, para dirigirse a su casa de campo: el centro para perturbados síquicos de Talavera de la Reina. Dos enfermeros le esperaban en la puerta.

Mientras uno de ellos intentaba ponerle una rebeca de fuerza, el otro le doblaba el brazo para que no forcejeara. Pero se lo dobló tan fuerte, que se lo rompió. El dolor fue tan intenso que Tomi se desmayó.

Cuando despertó estaba tumbado en la cama, al lado de Carolain, en la misma habitación donde siempre hacía el ridículo. Esta vez no se despidió de Carolain. Sabía que ya no volvería a verla. Ni siquiera se vistió. Cogió un revólver que había sobre la mesita, salió a la puerta, donde le esperaban dos enfermeros, y les pegó un tiro en el bazo a cada uno. Después se apuntó minuciosamente a la cabeza, y se la voló de un disparo.

Cuando despertó, estaba sentado en una silla frente a la cama, donde Carolain retozaba como una loca con los dos enfermeros.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Enhorabuena. Me han dicho que tu blog ha salido en la tele. Qué lujo! de ahí la infinito!

Andreu Romero dijo...

Sí, esto salió en el Página 2. Y fue lo único que me llamó la atención de ese programa tan soso xD.
Te pongo en favoritos ^.^