26/3/09

Enjambre


Después de varias horas seguidas haciendo el amor sin ganas, Ramón se levantó de la cama para ir a mear.

–¿Ya abandonas, pichafloja? –se quejó Patricia.

–Me estoy meando y además, creo que ya está bien.

–¡Que ya está bien, medio hombre!, pero si apenas hemos calentado motores.

–Mira Patricia, ésto se tiene que acabar.

–¿Pero qué dices?, si ésto acaba de empezar.

–No me refiero a ésto, sino a nuestra relación.

–¿Quieres terminar con nuestra relación por ésto?

–No es sólo por ésto. También está lo de tu madre.

–¿Con mi madre también haces ésto? –preguntó Patricia burlándose de Ramón.

–Sabes muy bien a lo que me refiero. Creo que no es lógico guardar su cadáver en el sótano. Además algo no funciona como es debido en nuestro matrimonio.

–Eso ya lo sé, acabas de demostrármelo esta noche.

–¿Qué es lo que te acabo de demostrar?

–Pues eso –dijo Patricia señalando a la entrepierna de Ramón–, que algo no funciona en nuestra relación.

–Esto funciona perfectamente –repondió Ramón– lo que no funciona es nuestra relación.

–¿Y si tomaras ginseng? –se atrevió a sugerir Patricia.

–¿Y si te fueras a la mierda? –sugirió sin más Ramón, un tanto mosqueado.

La última propuesta de su marido no gustó en absoluto a Patricia que empezó a llorar desconsolada.

–¿Se puede saber por qué lloras ahora?, ¿no será por lo nuestro?

–Lloro por mi madre, imbécil –dijo Patricia entre sollozos–, ¿serías capaz de echarla de casa como a un trasto viejo?

–Pero si está muerta, además ya empieza a oler, y eso podría atraer a las avispas.

–Te lo advierto Ramón: si echas a mi madre yo también me iré..., y no bromeo.

–Os pediré un taxi –dijo Ramón rápidamente mientras se acercaba a la mesita para telefonear.

Cuando ya tenía el auricular en la mano sintió el impacto de un balazo en los riñones...

–!Ay!

–!Impotente! –gritó Patricia con una pistola semiautomática en las manos–, te inventas todo este rollo de la crisis matrimonial porque simplemente no puedes cumplir como un hombre de verdad en la cama.

–Lo que tú digas cariño, ¿pero te vas a ir con tu madre, verdad? –preguntó Ramón mientras cogía su revólver de los domingos del cajón de la mesilla de noche y comenzaba a disparar a su mujer.

–Con mi madre te vas a ir tú, mariconazo...–dijo Patricia disparando a discreción sobre su marido, mientras las balas de éste impactaban sobre su cuerpo.

Para cuando amigos y familiares les echaron en falta ya era demasiado tarde, tan sólo encontraron sus huesos, pues las avispas habían hecho el resto. Jamás se explicaron qué pasó en esa casa y cómo llegaron a tales extremos, pero encontraron un enjambre de avispas cerca de la casa y le pegaron fuego.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Me gusta mucho. estaría bien para una lectura en público. Por cierto, para cuándo el volumen dos de Mister X?

laura dijo...

esto da para un buen cortometraje , muy bueno !!!

Anónimo dijo...

muy buena historia, un final desconcertante, pero... se llama patricia o alejandra?!

ese detalle no desmerece la historia!