29/3/10

La echo tanto de menos


La vida lejos de ella empieza a resultarme angustiosa. Me asfixio dentro de estas cuatro paredes pintadas al gotelé. Ella, que ya no está, se me aparece en todos y cada uno de los ocho rincones que forman las cuatro paredes goteladas de mi casa. Su latente visión se está convirtiendo para mí en un martirio del siglo XII. Ahora que no está es cuando me doy cuenta de lo pobre que es mi vida sin ella. Y no lo digo porque ella gane más que yo, que gana mucho más, sino por la calidad humana que desprende por todos sus poros. Calidad humana, y no sudor como los demás, es lo que ella desprende por sus axilas. Y olor también, claro; un olor dulce y fresco que, como el oxígeno para las nutrias, es vital para mí.

Porque yo sin ella no puedo vivir. Ella me lo ha dado todo. Me ha cuidado en la enfermedad y me ha amamantado en la pobreza. Ha lamido mis heridas y también ha lamido do mi... Y luego me he dormido entre sus brazos, feliz y satisfecho.

Su vientre, abultado y cálido, siempre ha acogido mi cabeza frente al televisor para ver cualquier mierda, y sabe Dios que siempre están echando mierdas.

Siempre la he tenido tan a mano, siempre tan presente, que había llegado a obviarla. Pero ahora que no está no sé qué voy a hacer, no aguantaré mucho tiempo más sin ella.

Espero que no tarde en volver de la panadería o me volveré loco.

4 comentarios:

Andreu Romero dijo...

Dios, lo bien que quedaría este relato en un cortometraje. Así en blanco y negro, con música sórdida ^____^. Muy muy bueno, hasta que no lees el final estás en tensión.

Basseta dijo...

¿Complejo de Edipo o simple enchochamiento?

Anónimo dijo...

Qué pasión!!!!!

Sergio José dijo...

Yo me lo estaba creyendo...
Así que te ha salido perfecto XD.